sábado, 2 de agosto de 2008

EL DESCONTROL DEL CONTROL

Pareciera que existen palabras que además de su significado poseen el poder de generar una situación de malestar en quien la escucha.
Es como que nos alteran y promueven resistencias.
Una de estas palabras es “control”.
Cierto es que puede ser usada para transformarnos en quien la ejerza o quien se debe exponer a ella.
Ante los adultos suele funcionar promoviendo el mismo malestar que a alumno y alumnos la palabra “evaluación” . Si bien pueden sentirse como sinónimos, las justificaciones que damos a niños y jóvenes no alcanzan para los adultos.

Un adulto ante esta palabra y cuando es usada de tal manera que será controlado en lo que hace o cómo lo hace, por lo general se tienta de afirma o preguntar, a sí mismo o a su interlocutor más cercano alguna de estas expresiones:
¿para qué?
¿por qué?
¿Qué sabe para poder hacerlo?
¿de qué nos van a culpar ahora?
¡más trabajo!
con todo lo que no se hace ¿van a hacer esto?
¡a mi no me controla nadie!
(el lector puede seguir agregando ejemplos aún mejores)

No se puede obviar que el “control” puede ser una forma de persecución, de presión en manos de quien detecta el poder de ejercerlo. Pero también es cierto que “controlar” es un aspecto integrador de la misma norma.

Dictar una norma sin determinar quien efectivamente será el responsable del control de la misma, implica efectuar un vaciamiento de la misma norma.

Más aún con lleva en sí misma el incumplimiento de lo normado.

Casi deberíamos preguntarnos para que generar espacios de análisis grupal, establecer acuerdos si los mismos no son controlados no sólo en su cumplimiento sino en la metodología usada.

Lamentablemente contamos con muchas normas, reglamentos, leyes, cuyo control no se aplica. Es como que por la dudas están, pero nos falta quien ejerza el control.

¿Pero las normas son de cumplimiento por ser normas o son de cumplimiento sólo para no ser sancionados?

Se podrá pensar que “hay tantos funcionarios que no respetan normas” que porqué debemos cumplirlas nosotros. Claro que este razonamiento no es admisible cuando quien lo enuncia es el alumno, alumna o su familia.

Resulta llamativo como socialmente exigimos el control en cumplimiento de cosas que tienen que ver con los distinto momentos de nuestra cotidianeidad y lo renuentes que somos a ser controlados.

El “control” no es una opción, es parte de la función en los distintos grados del escalafón docente.

Todos debemos dar cuentas de porqué obtenemos los resultados que se visualizan al final de cada etapa.

A veces el ejercicio del control es una manera de atomizar la institución.

Esto de alguna forma actúa como causa para no ejercerlo, sin darnos cuenta que el no ejercicio fomenta la atomización y fortalece la resistencia.

El descontrol del control, lleva a la generación de conflictos.
El control promueve acciones de prevención, corrección y anticipación de los hechos.

Es necesario que cada uno efectivamente cumpla con su función y esto implica el disfrute de derechos y el cumplimiento de obligaciones.

El cómo de los controles puede ser acordado.
Lo que se controlará, el cómo, los aspectos, la devolución, la posibilidad de descargo, los tiempos para las modificaciones, los resultados de mínima y máxima, no sólo deben ser conocidos por los controlados sino que pueden ser ellos mismos quienes contribuyan para la organización y alcance del control.

Incluso existen controles que pueden delegarse entre los mismos docentes, con la participación del equipo directivo al concluir cada etapa o por requerimiento de los responsables.

No basta establecer acuerdos tendientes a mejorar la convivencia escolar.
Es necesario el cumplimiento de esos acuerdos y para ello el “control” resulta indispensable.

La seriedad con que se asume el desarrollo de un proyecto está directamente relacionada con la organización de los controles tendientes a efectuar su seguimiento, evaluación, alcances, modificación y aplicación en término de lo cordado.

El “descontrol” del “control” puede ser la diferencia entre un proyecto serio para la modificación de los niveles de violencia en la institución y el espíritu exclusivamente “de sanción” justificada por un proyecto previamente acordado, avalado y dado a conocer.

Arcidiácono Atilio José
azulgris17@yahoo.com.ar